miércoles, 23 de septiembre de 2009

No. 21

Noche.
Desvanezco.
Sus ojos.
Me pierdo en su sonrisa. Me aniquilan sus silencios.
Y ahí está. No se aleja.
Viene hasta mí con su existencia, con la soledad en sus zapatos. Con su sombra dibujada en el infinito. Con los pasos cargados de lluvia.
Y me mira y luego disimula. Y me sonríe. Y me pregunta constantemente qué ha sido de mí y no halla forma de controvertir mis silencios fijos. Y me ama, pero se rehúsa a sentir. Y lo amo, pero nos atamos a una calma muda y ciega. Y no decimos nada. Sólo un ridiculo -hasta luego-.

No hay comentarios:

Publicar un comentario