Hay un espacio mudo en el que te siento respirar a mi lado, tan profunda y viva… tan melódicamente que se convierte en una sonata nocturna.
Hay una hora en la que suelo verte caminar al otro lado de la acera. Y te detienes en la multitud y me miras y sonríes… alzando tu mano como diciéndome: hola.
Hay días en los que te llamo con tanto deseo que puedo escuchar tus pasos serenos acercándose a mi puerta café. Y tocas mi piel de nieve con tus manos frías y siento que nada existe, que soy un suspiro, y veo el tiempo detenerse y hacerse humo… y me rindo al lado de tu cuerpo... perdida.
Solo puedo cerrar los ojos y desear que vuelvas.
Muerte: ¿Cuántas veces más vas a dejarme viva?
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