sábado, 19 de septiembre de 2009

(Tomada de “este amor furtivo lo busca” No. 14)


Recordado Capitán:

Las horas pasan minuto tras minuto. El tiempo que existe detrás de mi espalda. El tiempo que ahoga mi alma quieta.

Antes esperaba despierta, altiva, expectante. Antes me hacía verano y primavera para disfrazar mi mirada invernal. Antes una lágrima se aposentaba en mi mejilla sin pedir excusas, era un espacio vacío que esperaba por su regreso. Sin fin.

Un día descubrí que de su mano el mundo blanco y negro se desteñía paulatinamente, un día me hice viento.

Le pregunté si aun me amaba y su respuesta confirmó todas mis sospechas.

Un día decidí versar sobre su camino mis pasos y dejé de llorar su partida. Un día lo acepté como se ofrecía y callé para siempre la voz tunante de las horas amargas.

Hoy lo amo. Lo amo tanto como cuando aprendí a reflejarme en sus ojos carmelitas, tanto como siempre, como nunca. Mis palabras no son justas, ni completas, mi sosiego siempre está en sus manos… no volverá a dejarme sola aun cuando mis pasos se distancien más y más de los suyos, aún cuando su sombra no me cobije. Si le pido un beso seguramente me dará un abrazo, se disgustará un segundo y sonreirá cuando le diga que estoy loca.

No desprecie jamás las horas en las que de su mano camino ó el tiempo que dedico a escribirle un suspiro. Las palabras son una parte viva de nuestras soledades.

Mi misterio se eternizó en su existencia, mi corazón se expande en el infinito espacio que es su alma.

Mi voluntad se explaya en sus ojos.

Amándolo, Cábala la camarera sueca que no deja de esperarlo.

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