Orilla de mis días 21 de Noviembre de 2002
Recordado Capitán:
Desde acá. Tardía por la espesa desolación del entorno cálido y jodido. Le echo de menos ¿Dónde está? Las partes cerradas de esta historia se están haciendo cada vez más inconmensurables… Incontenibles.
No estás.
Ni aquí, ni dentro de mí. Ni fuera, ni muerto, ni vivo. Ni lejano, ni conmigo. Simplemente no estás. La razón… La razón no existe. Ni te veo detrás de las sombras de la noche, ni te acuestas a mi lado, ni encima, ni debajo de mis huesos. No estás, no me hablas. Tu voz de trueno se hizo débil hasta desaparecer y ya no te oí más y me dolió el pecho y te sentí partir. No me decís nada. Ni - hola – ni- hasta pronto – sólo callas las palabras y los actos, como si yo fuera cualquier pedazo de historia. Silencio, sólo silencio tras mis pasos, sólo silencio que hela mi piel y enchina los dientes… y a veces las mudas palabras se hacen tijeras que cortan mis alas azules. .. y caigo en el abismo de la desidia. Pero no importa. Ni estás aquí, ni estás allá. En ninguna parte… Desnudo, frio, pálido, ¿Dónde? No puedo ir, no quieres verme, no me amas… no me has amado nunca.
Y las horas que pasabas cerrando mis labios, y las noches en que deshacías mi dolor atando mis sueños a una cometa gris… Ya no queda nada, ni aquí, ni en tus ojos. Y todo se acaba, como si fuera tan sencillo como decir – Hasta luego – Las hojas se caen de los arboles y yo las piso sin premeditación; luego vuelan entre el polvo y el viento seco que las dispersa. Y yo… me quedo aquí sin saber dónde estás, sin saber dónde estoy, ni qué diablos hago imaginando que una mañana regresarás a mi puerta y tu sonrisa se abrirá deliberadamente en la mía, regalándome todo aquello que hace tanto perdí de tu mano… La fe.
Y predicarás las cosas que un día nos hicieron felices y perfectos, las noches rotas en las que tuvimos el mismo sueño… ¿Dónde está Mi Cielo? Por qué ya no te encuentro en mi almohada, en las madrugadas frías., ¿Por qué ya no llueves dentro de mí? Por qué este desierto….
Estoy harta de sentir que el hueco se profana día a día en tu vida y la vida de todo lo que te rodea. Estoy harta de tus disturbios y mis males. Hastiada de reprocharme las noches y las tardes de un noviembre que no se repetirá y de tus pasos que ya no llegan hasta mí puerta y de tus manos que ya no me tocan, de los besos que no me das.
Y me quiero hacer humo cada vez que nuestras existencias se cruzan en fatídicas coincidencias que solo nos hacen mal.
¿Por qué no se va? Quiero dejar de existir porque sé que aun cuando usted cesara de vivir, su existencia se explayaría en la mía y sería más desidioso continuar.
No quiero esto más.
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